Un libro es el inicio, no el final.

Sergio Mendoza

Para los contadores de historias, las reglas del juego han evolucionado. En el último respiro de los noventa el mundo parecía dividirse entre lectores, cinéfilos y audiencia.

Los cinéfilos eran esa especie sobre-dotada que conocía el mundo a través de la pantalla grande, con historias complejas y sofisticadas actuaciones. La audiencia se limitaba a mirar historias de larga duración en el televisor que la acompañaba en el día a día sin exigir demasiado análisis. Por otra parte, los lectores eran un fenómeno en peligro de extinción. A pesar de las grandes campañas para atraer a las personas a las librerías, la profecía de que los libros iban a desaparecer se convertía en un eco con fuerza. La aparición del libro electrónico avivó ese mito. Fueron cientos los medios impresos que hablaban sobre la idea de que las librerías desaparecerían del mundo. Si la televisión aplastó a la radio, el libro electrónico haría arder las páginas de papel.

La realidad es que eso nunca sucedió. Los libros electrónicos y los libros físicos parecían haber encontrado una comunión perfecta: coexistían. El consumo de libros tuvo un segundo aire en la primera década de los 2000, cuando se convirtieron en fuente de inspiración principal para los grandes éxitos del cine. La frase “el libro es mejor que la película” se tatuó en el colectivo popular y dividió a los consumidores una vez más: ahora los sobre-dotados eran aquellos que tenían la habilidad de leer un libro antes del estreno de la película y el resto eran quienes no necesitaban más de dos horas de su día para procesar la misma historia a través de imágenes, sin importar si habían perdido detalles en la adaptación o si la versión no era lo bastante fiel.

Recientemente, la audiencia, los cinéfilos y los lectores desaparecieron para convertirse en una sola masa: “consumidores de historias”. Ni los libros ni la televisión ni el cine desaparecieron. Cada uno de ellos luchó (y sigue luchando) por sobrevivir ante la demanda de un hambriento y radical mercado que consume historias sin saciarse. Mientras el cine y la televisión enfrentan grandes retos al adaptarse al mundo de Internet, el streaming y la desmedida necesidad de contenido, los únicos que parecen haberse beneficiado y avanzar con paso seguro son los libros.

Hoy, el ciclo del lector es infinito: hay quien lee el libro para después ver la serie. O quien compra el libro después de ver la película en el cine. Lo cierto es que el crecimiento de las adaptaciones de libro a la televisión creció cerca de 30% en el 2018. Hoy se adaptan más libros a la televisión y al cine que la adquisición de formatos y remakes. Aun cuando pareciera que la batalla está ganada, las librerías siguen haciendo grandes esfuerzos por prevalecer y las editoriales siguen buscando la forma de llamar la atención de los jóvenes hacia un hábito que sigue sufriendo amenazas de extinción: la lectura.

Sobre el autor:

Desde el 2018 Telemundo lo nombró director del departamento de desarrollo literario; esto después de haber participado con éxito como guionista en diversos melodramas dentro de la empresa, como:

  • Mariposa de Barrio, bio de la cantante de música regional mexicana Jenni Rivera; serie nominada al International Emmy 2018 en la categoría de Non-English Languages US Primetime Program.
  • Señora Acero, participando en las tres primeras temporadas;
  • Bajo el mismo cielo.
  • Falsa identidad, su primera historia original como Falsa identidad es  hoy una de las series más reproducidas en Netflix LATAM.

Como director de desarrollo, Sergio Mendoza estuvo a cargo de Betty in NY, El preso No. 1 y la segunda temporada de La Doña, dirige la barra de programación, Yuri, Pandora y los actores

 

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