EL CHEPE
Laura Arenas
Viajar en El Chepe es mucho más que trasladarse de un punto a otro: es recorrer algunos de los paisajes más impresionantes de México desde la comodidad de un tren diseñado para disfrutar cada kilómetro. A lo largo de la Sierra Tarahumara, este icónico ferrocarril conecta la costa del Pacífico con el norte montañoso del país, atravesando las majestuosas Barrancas del Cobre, un sistema de cañones más profundo y extenso que el Gran Cañón de Arizona.
DEL MAR A LA MONTAÑA: UN RECORRIDO QUE LO CAMBIA TODO
El punto de partida tradicional es en Los Mochis, una ciudad moderna y funcional, perfecta para prepararse antes de abordar el tren. Aquí conviene llegar con al menos un día de anticipación, descansar y probar la cocina local antes de iniciar el trayecto. A medida que el tren avanza, el paisaje comienza a transformarse. Los campos agrícolas del norte de Sinaloa dan paso a ríos, túneles y puentes que anuncian la entrada a la sierra. Uno de los primeros grandes puntos de interés es El Fuerte, Pueblo Mágico con un encanto sereno y colonial. Sus calles tranquilas, su plaza principal y su historia lo convierten en una parada ideal para pasar la noche. Aquí, el viaje se desacelera aún más y permite conectar con el espíritu del norte profundo.

BARRANCAS DEL COBRE: EL CORAZÓN DEL VIAJE
Conforme el tren asciende, el paisaje se vuelve monumental. Montañas que parecen no tener fin, barrancas que se abren de manera abrupta y un silencio que solo se rompe con el avance del tren. El momento cumbre del recorrido llega en Divisadero, uno de los puntos más espectaculares de todo el trayecto. Desde aquí se aprecian tres grandes cañones: Urique, Tararecua y del Cobre. Las vistas son tan imponentes que obligan a detenerse, guardar silencio y observar. Divisadero no es solo un mirador natural; es un centro de experiencias. Aquí se puede:
• Recorrer los miradores panorámicos suspendidos sobre la barranca.
• Subirse al teleférico, uno de los más largos del mundo sin torres intermedias.
• Caminar por puentes colgantes, realizar vía ferrata o deslizarse en tirolesas que cruzan el cañón.
• Hospedarse en hoteles ubicados literalmente al borde del abismo, donde despertar implica asomarse a uno de los paisajes más impresionantes de México.

CREEL: LA PUERTA A LA SIERRA TARAHUMARA
El viaje continúa hasta Creel, un pueblo de montaña que funciona como base para explorar la región. Rodeado de bosques de pino y encino, Creel combina vida local, turismo consciente y acceso a paisajes únicos.
Desde aquí se pueden visitar:
• El Lago de Arareko, ideal para caminatas y paseos en bicicleta.
• El Valle de los Hongos y el Valle de las Ranas, formaciones rocosas que parecen esculpidas por la naturaleza con intención artística.
• Comunidades rarámuri, donde aún se conservan tradiciones ancestrales, siempre desde una visita respetuosa y responsable.

VIAJAR A BORDO DEL CHEPE: COMODIDAD EN MOVIMIENTO
El Chepe está diseñado para que el trayecto sea tan placentero como el destino. Existen distintas clases de servicio. Entre las amenidades destacan:
• Asientos amplios y reclinables, con grandes ventanales.
• Vagón restaurante, con platillos inspirados en la región y bebidas para acompañar el paisaje.
• Bar y áreas comunes para socializar.
• Vagón panorámico, uno de los espacios más valorados, ideal para fotografías y para sentir el aire de la sierra mientras el tren avanza lentamente.
Cada detalle está pensado para disfrutar el viaje sin prisas

