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TERENCE CRAWFORD: NÚMEROS DE GRANDEZA Y EL DÍA QUE COLGÓ LOS GUANTES

Karen Manzano

El boxeo pocas veces produce peleadores que combinan talento, inteligencia y consistencia absoluta. Terence “Bud” Crawford es uno de ellos. El 16 de diciembre, sin grandes ceremonias ni despedidas prolongadas, el campeón estadounidense hizo oficial el final de su carrera: colgó los guantes. Así lo anunció a través de sus redes sociales, de manera directa y fiel a su estilo, cerrando una trayectoria que ya es parte de la historia del boxeo moderno.

 

Originario de Omaha, Nebraska, Crawford comenzó su camino lejos de los reflectores. Creció en un entorno complejo, donde el boxeo fue primero una salida y después un propósito de vida. Desde sus primeras peleas como profesional dejó claro que no era un boxeador común. Ambidiestro natural, con la capacidad de cambiar de guardia sin perder potencia ni control, se convirtió rápidamente en un peleador difícil de descifrar y aún más difícil de vencer.

 

Los números confirman su grandeza. Terence Crawford se retira invicto, con récord de 42 victorias, 0 derrotas y 31 nocauts, cifras que reflejan dominio, contundencia y una carrera construida sin tropiezos. Fue campeón mundial en tres divisiones y logró una hazaña histórica al convertirse en campeón indiscutido en dos categorías distintas durante la era de los cuatro cinturones, un logro reservado para una élite muy reducida del boxeo.

 

En 2017 unificó todos los títulos del peso superligero; años más tarde repitió la proeza en el peso welter, demostrando que su grandeza no dependía del peso, sino de su inteligencia dentro del ring. Crawford no solo ganaba peleas: las desarmaba. Estudiaba a sus rivales round a round, ajustaba estrategias en tiempo real y cerraba con una precisión quirúrgica que marcó diferencia en cada combate importante.

Más allá de los cinturones, su legado está en la forma. Nunca necesitó provocaciones constantes ni un personaje mediático exagerado. Fue un campeón silencioso, disciplinado y respetuoso del deporte. Cada presentación fue una lección de paciencia, control mental y precisión estratégica, recordando que el boxeo también se gana con la cabeza.

 

El retiro de Terence Crawford no llega por desgaste, sino por convicción. Se va con el respeto intacto, con la salud de su lado y con un legado difícil de igualar. Como él mismo lo expresó al anunciar su despedida, dijo que se va “walking away as a great with nothing else left to prove”. No es arrogancia, es certeza. Crawford cuelga los guantes no porque ya no pueda, sino porque ya lo hizo todo. Y en un deporte donde pocos saben cuándo detenerse, él eligió irse siendo grande.