HIPERTENSIÓN ARTERIAL
La hipertensión arterial sistémica (HAS) es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares.
En México, su prevalencia alcanza el 29.9%, por lo que su detección y control son fundamentales para prevenir complicaciones.
¿Qué es la hipertensión?
La hipertensión ocurre cuando la presión que ejerce la sangre sobre las arterias se mantiene elevada. Aproximadamente 90% de los casos corresponden a hipertensión primaria o esencial, cuyo origen es multifactorial y puede estar relacionado con factores genéticos, ambientales, conductuales, socioeconómicos y psicológicos. El 10% restante corresponde a hipertensión secundaria, asociada con una causa identificable, como enfermedades renales, cardiovasculares, endocrinas, metabólicas o respiratorias, entre otras.

¿Cómo afecta la hipertensión a tu organismo?
A largo plazo, la hipertensión arterial puede dañar distintos órganos y sistemas, principalmente el corazón, cerebro, vasos sanguíneos, riñones y ojos. Entre sus posibles consecuencias se encuentran alteraciones cardiacas, daño vascular, deterioro de la función renal, lesiones cerebrales y retinopatía hipertensiva.
Como en sus primeras etapas puede no presentar síntomas, la detección oportuna es fundamental. Se recomienda medir la presión arterial al menos cada tres años en menores de 40 años sin factores de riesgo y una vez al año a partir de los 40 años.
Diagnóstico
La hipertensión se define como una presión arterial sistólica ≥140 mmHg o diastólica ≥90 mmHg, confirmada en consultorio. Se recomienda corroborarla con mediciones fuera del consultorio o en una visita posterior.
En personas con diabetes, dislipidemia, enfermedad renal crónica o daño a órganos blanco, se considera hipertensión una presión arterial ≥130/80 mmHg.

Factores de riesgo
- Antecedentes familiares y personales: hipertensión, enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y renales.
- Factores de riesgo cardiovascular: tradicionales y específicos según el sexo.
- Estilo de vida: consumo elevado de sal y grasas, actividad física, estrés, tabaco, alcohol y otras drogas.
- Signos de daño a órganos: angina, dificultad para respirar, edemas, déficit neuromotor y claudicación intermitente.

