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YAHIR : MÁS AUTÉNTICO QUE NUNCA

Si hoy pudieras regresar a ese momento y encontrarte con aquel joven que comenzaba a perseguir su sueño, ¿qué le dirías y qué crees que admiraría él del hombre en el que te has convertido?

 

Bueno, yo diría que se cuidara más en cuanto a lo que piensa y siente como artista; que valorara y protegiera todo lo que ha logrado: su voz, sus canciones y sus emociones. También le aconsejaría ser más

disciplinado, porque a mí me hubiera gustado tener esa disciplina desde mucho antes.

Admiraría la manera en que fue puliendo su talento y evolucionando como músico, cantante y profesional a lo largo de su carrera. También reconocería cómo fue encontrando un equilibrio entre el trabajo, la familia y los buenos momentos de la vida; cómo aprendió a administrar mejor su tiempo, su dinero y, en general, todos los aspectos de su vida.

 

Tu carrera ha atravesado distintas etapas: cantante, actor, conductor y protagonista de teatro musical. ¿Cuál de todas estas facetas sientes que te ha retado más y cuál te ha permitido mostrar una parte de ti que quizá el público no conocía?

Yo creo que donde más me he mostrado emocional y sentimentalmente ha sido en la obra de teatro Hoy no me puedo levantar. Siento que llevaba todas mis emociones al límite. Había canciones muy fuertes, algunas que incluso me hacían llorar, y escenas en las que conectaba profundamente con el público y con lo que estaba viviendo en ese momento de mi vida. Creo que ha sido una de las experiencias en las que más vulnerable me he sentido, pero también una de las que mayor satisfacción me han dado.

 

A principios de este año hablaste de una pausa musical porque no querías lanzar canciones simplemente por hacerlo. ¿Qué necesitas reencontrar dentro de ti para volver a sentir esa conexión con la música?

Estaba desconectado de la música porque lo que escribía no me convencía, no me gustaba. Me sentía confundido ante tantos géneros y tantas cosas nuevas que han surgido en la música. Todo eso me hacía dudar de mi rumbo y de mi estilo, porque, al final, yo soy norteño. Nací y crecí con esa música, cantándola junto a mi familia.

Sin embargo, la vida me llevó a convertirme en un cantante pop, y dar ese salto, hacer una especie de crossover entre ambos estilos, me costaba muchísimo.

Pero ahora siento que, al componer con diferentes amigos y explorar distintos estilos musicales, he ido encontrando mi propia identidad. Creo que mi música empieza a sonar cada vez más a mí, y eso me encanta.

 

¿Qué ha sido lo más desafiante de evolucionar junto con una industria donde las redes sociales, las plataformas y las nuevas generaciones cambian constantemente la manera de conectar con el público?

Curiosamente, siento que la dinámica musical es mejor ahora. Antes, cuando nosotros lanzábamos discos, era muy fácil copiarlos y venderlos en el mercado de la piratería. De hecho, se vendían más discos piratas que originales.

Hoy siento que la música nos ofrece nuevas oportunidades. Aunque el pago por reproducción es menor, hay mucha más gente que consume música a través de plataformas digitales, lo que genera un mayor volumen y nos permite llegar a más lugares y personas. Ahora tenemos más posibilidades de dar a conocer nuestra música y de conectar con un público al que antes era mucho más difícil llegar.

 

¿Qué proyecto consideras que representó un verdadero punto de inflexión en tu carrera y te hizo descubrir algo nuevo sobre ti mismo como artista?

Yo creo que el punto más importante fue cuando empecé a darme cuenta de que mis canciones tenían una vida propia muy linda. Cuando comencé a trabajar con una sinfónica de 106 músicos, empecé a escuchar arreglos que enriquecían mi música de una manera impresionante y que transformaban mis temas en grandes canciones.

Fue entonces cuando empecé a valorar mucho más mis composiciones, a disfrutar verdaderamente lo que hacía y a reconectarme con mi música. Esa experiencia me llevó a querer seguir explorando ese estilo, apostando por los grandes arreglos, las canciones de amor y las interpretaciones llenas de emoción.

 

La paternidad inevitablemente transforma prioridades y formas de mirar la vida. ¿Cuál dirías que ha sido el aprendizaje más profundo que tus hijos te han regalado?

Bueno, para mí son dos historias distintas, porque tengo un hijo de 28 años y otro de 10. Con ambos he vivido experiencias muy lindas y he aprendido muchísimo.

Con mi hijo mayor ha sido una lucha constante frente a muchos retos que hemos enfrentado en equipo. También hay cosas que, por su edad, prefiere resolver por su cuenta. Sin embargo, cuando me hace parte de sus decisiones, de ciertos momentos de su vida o tengo la oportunidad de ayudarlo a alcanzar metas a corto o largo plazo, y veo que las cumple, es algo que me llena de satisfacción.

Con mi hijo pequeño es diferente. Me encanta su capacidad de asombro ante la vida, sus ganas de aprender y descubrir cosas nuevas. Siempre está dispuesto a expresarse, a decir lo que piensa y siente, a no quedarse callado, y eso es algo que admiro muchísimo.

Son dos mundos completamente distintos, pero de los dos aprendo mucho y ambos me enseñan cosas maravillosas.

 

¿Cómo has aprendido a encontrar un equilibrio entre tu carrera, tu familia y tu bienestar personal?

He luchado mucho por encontrar el equilibrio en mi vida. Cuando me fui de Hermosillo, en 1997, estaba completamente enfocado en el trabajo, pero no me sentía pleno. Estaba lejos de mi familia, de mi casa, de mi tierra, del lugar que más amo, y eso me costaba muchísimo.

Durante seis años pasé por muchas dificultades económicas y viví distintas experiencias en Tijuana. Después llegó La Academia y, con ella, muchísimo trabajo. Eran muy pocos los días que tenía la oportunidad de regresar a Hermosillo.

Hasta que, hace aproximadamente 10 años, tomé la decisión de buscar ese equilibrio que tanto necesitaba. Quería formar una familia y encontrar la manera de combinar mi vida personal con mi carrera. Junto con mi mánager, logramos organizarnos para que pudiera vivir en Hermosillo y, desde ahí, viajar a mis conciertos, al teatro y a todos los lugares donde tenía compromisos profesionales.

Hoy tengo una casa en la Ciudad de México y otra en Hermosillo, lo que me permite disfrutar de ese equilibrio que busqué durante tantos años. Me tomó mucho tiempo encontrarlo, pero hace una década finalmente lo conseguí. Hoy puedo decir que soy un hombre muy feliz con la vida que llevo.

 

Llegar a los 47 años con más de dos décadas de trayectoria también significa mirar la vida desde otra perspectiva. ¿Qué cosas que antes te preocupaban hoy han dejado de tener importancia y cuáles se han vuelto indispensables?

Desde que era muy joven hasta el día de hoy, he aprendido muchísimo sobre la importancia de la disciplina en todos los aspectos de mi vida. Me encanta tener coaches y rodearme de personas que me ayuden a mejorar.

Desde que estuve en La Academia, hace 24 años, me di cuenta de cuánto disfruto aprender, escuchar y recibir orientación. A partir de entonces, no he dejado de prepararme. He tenido coaches vocales, financieros, entrenadores en el gimnasio y asesores de nutrición que me ayudan a llevar una vida más saludable.

Siempre trato de rodearme de profesionales en las actividades que me apasionan. Si juego béisbol, por ejemplo, me gusta entrenar y contar con buenos coaches que me ayuden a perfeccionar mi técnica. Creo que la clave está en mantener siempre la disposición de aprender, escuchar, observar y seguir mejorando.

 

¿Qué lugar ocupan el ejercicio, la alimentación y el descanso en tu vida, y cómo has aprendido a escuchar a tu cuerpo?

Es lo número uno para mí, porque vencer la flojera por las mañanas y encontrar el tiempo y el espacio para entrenar significa que ya hice algo importante por mí mismo. Es un momento que me dedico, ya sea una hora o el tiempo que tenga disponible.

Me gusta organizarme desde un día antes, saber dónde voy a entrenar, dónde voy a comer, cuándo voy a tomar el sol y en qué momento voy a descansar.

Para mí, el ejercicio es una terapia que, primero, me ayuda a vencer la flojera y, segundo, se convierte en un espacio de meditación que me permite encontrar mi equilibrio y alcanzar un estado zen. Es una terapia que se ha vuelto indispensable en mi vida y que no puedo dejar.

 

¿A quién admira Yahir tanto en lo personal como en lo profesional?

Bueno, admiro a muchas personas en el ámbito profesional. Por ejemplo, admiro mucho a Sting, un hombre que, a pesar de su edad, se mantiene en excelente forma, cuida su salud, medita y tiene una conexión muy especial con la naturaleza y su familia. Además, siempre busca transmitir un mensaje positivo a la gente.

También admiro mucho a Emmanuel y Mijares, porque a su edad siguen trabajando intensamente y se ven llenos de vida, energía y vitalidad. Eso me encanta y me inspira muchísimo.

En lo personal, me gusta rodearme de amigos que me aporten cosas positivas, que me den buenos consejos y de quienes pueda aprender.

Y, por supuesto, una de mis mayores inspiraciones es mi papá. Tiene 74 años y, desde que tengo uso de razón, lo he visto levantarse a las cinco de la mañana para entrenar todos los días. Es una disciplina que ha mantenido toda su vida y un ejemplo que siempre he querido seguir.

 

Hace más de dos décadas un reality cambió tu vida y este 2026 decidiste volver a exponerte a una experiencia de este tipo en La Casa de los Famosos México, pero ahora desde otro momento personal y profesional. Después de casi diez semanas dentro de la casa, ¿qué descubriste de Yahir que quizá ni tú mismo conocías antes de entrar?

Yo entré al segundo reality por güey, la verdad. Mi primera experiencia había sido mucho más tranquila y no sabía hasta dónde podía llegar esta vez. No imaginaba que la casa jugaría con emociones tan fuertes, que los retos serían tan rudos y que, de alguna manera, lo que se buscaba era provocarnos para generar conflictos entre nosotros.

El primer reality había sido puro amor y paz, así que pensé que, en esta segunda ocasión, podría controlar esa parte de la experiencia.

Sin embargo, lo que más me sorprendió de mí mismo fue descubrir mi capacidad de paciencia y tolerancia. Mi constancia y disciplina son inquebrantables, y esta experiencia las puso a prueba. Me di cuenta de que tengo una mentalidad muy fuerte y que, cuando tengo un objetivo claro y estoy verdaderamente enfocado, difícilmente algo puede desviarme de mi camino.

 

¿Sientes que lograste esa reconexión y qué te gustaría que la gente se quedara del Yahir que conoció dentro de la casa?

Sí, definitivamente siento que logré la reconexión que estaba buscando, y ha sido algo muy especial. Entré con la intención de reconectar con el público, pero la manera en que lo estamos logrando y, al mismo tiempo, conectando con nuevas personas, ha sido increíble. Estoy muy agradecido y sorprendido por tanto cariño y apoyo.

Quiero conservar esa manera de ser y de comunicarme, pero ahora sin miedo. Siempre he tenido cierto temor de hablar frente a las cámaras, de expresarme y mostrarme tal como soy. Sin embargo, después de 70 días en los que fui yo mismo, sin cometer grandes errores ni caer en las provocaciones de la casa, me di cuenta de algo muy importante: puedo confiar en mí y en mi forma de comunicarme.

Creo que la clave está en seguir siendo auténtico, transparente y honesto con lo que siento, pienso y digo, sin miedo a mostrarme como realmente soy.

 

Si tuvieras que elegir una frase que represente el momento que estás viviendo actualmente, ¿cuál sería y por qué?

EL enfoque láser de Bruce Lee es una frase que me encanta, porque hoy en día estamos rodeados de distractores en todo momento. No podemos estar pensando constantemente en el celular o pendientes de las redes sociales.

Creo que es muy importante aprender a dejar todo eso a un lado y estar verdaderamente presentes. Cuando compartes una comida con alguien, tienes una conversación o disfrutas de un momento especial, debes dedicarle toda tu atención para lograr una conexión real y profunda, no quedarte en la superficie.

A veces parece que estamos esperando a que termine la plática para volver a tomar el celular, y creo que así estamos viviendo muchos de nosotros. Por eso, para mí, el verdadero enfoque consiste en aprender a estar presentes, disfrutar el momento y conectar genuinamente con las personas.

 

¿Mirando hacia 2027, ¿qué nuevos proyectos y retos profesionales vienen para Yahir?

Para 2027 hay varios proyectos en puerta, entre ellos la actuación, que definitivamente no descarto. Me encanta actuar y me encantaría volver al teatro, porque es una de mis grandes pasiones.

Por supuesto, también está la música. Quiero crear un show poderoso, lleno de energía, que sea un gran espectáculo y que la gente disfrute de principio a fin. Con grandes canciones, músicos extraordinarios y una producción de primer nivel.

Ese es el gran reto que tenemos por delante y en eso vamos a enfocarnos durante 2027.

 

Y para cerrar, si tuvieras que compartir con los lectores de Revista Actitudes un pequeño decálogo de vida, ¿cuáles serían esas reglas, aprendizajes o principios que hoy consideras indispensables para vivir plenamente?

El respeto es lo más importante para mí. Respetar a todas las personas, a los seres vivos y a nuestro planeta es algo que no es negociable.

Me gusta ser justo y creo que saber escuchar es una de las virtudes más importantes que podemos tener. Ante cualquier situación complicada, problema de comunicación o malentendido, considero que lo mejor es escuchar primero, analizar lo que está sucediendo y después hablar, nunca reaccionar desde el enojo.

Creo que esa es la mejor manera de resolver las diferencias y construir relaciones sanas. Me gusta respetar y que me respeten. Para mí, ese es uno de los valores más importantes de la vida.